Un nuevo espacio dedicado a la profundización del ser, pues sólo tomando conciencia de lo que somos, de lo que nos rodea, de lo que nos afecta, nos motiva e interesa, es como podemos desarrollarnos y emprender el camino que nos conduzca a la realización personal.

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viernes, 29 de mayo de 2015

Focalizar el interés

Obra de Bartolomé Esteban Murillo
Uno de los problemas con el que podemos encontrarnos a la hora de hacernos conscientes, es la dispersión en la que solemos vivir. Nuestro pensamiento va de aquí para allá a velocidad de vértigo, distrayéndonos de la concentración y el interés que deberíamos poner en las cosas. Sin duda cuando tenemos un interés en algo concreto nos resulta más fácil concentrarnos en ello y descartar el resto de acontecimientos, objetos o pensamientos que no se relacionen directamente con nuestros intereses. Veamos un ejemplo, aquellas personas a las que le gustan los libros, cuando pasean por la calle, muy probablemente se vayan fijando en las tiendas de libros que pueden ir encontrando; aquellos que se vuelven locos por las motos, parecen ver más motos que cualquiera de los demás viandantes que les acompañan. ¿Qué nos está diciendo este ejemplo? Que aquello en lo que centramos nuestros intereses es lo que surge ante nosotros prioritariamente

Y esto no sólo sucede con aficiones más o menos declaradas, sino con cualquier tipo de pensamiento. Así vemos que aquellas personas que se centran en pensamientos más o menos tristes, sólo ven tristeza a su alrededor; mientras que aquellas personas que derrochan optimismo suelen ver facetas de la vida mucho más agradables y bellas. Recuerdo en una ocasión en la que escribí un texto en mi otro blog en el que derroché alegría y optimismo, y cuál fue mi sorpresa al leer un comentario de uno de mis lectores que decía: "Oh, qué triste". Me quedé tan perpleja que me puse a releer el texto para comprobar si había dejado traslucir algún tinte de amargura en él, pero lo cierto es que nada más lejos de la realidad, el texto no contenía ni un ápice de melancolía, y entonces me di cuenta de que en aquel texto además de lo que yo escribía podía encontrarse lo que cada lector pusiera de su propia cosecha; es decir, si el lector era alguien pesimista vería en mis palabras signos de gran tristeza, mientras que si era optimista no tendría problemas en detectar la alegría que traslucía el escrito; y por supuesto, para tranquilidad mía, tambíen habría lectores que simplemente leyeran con objetividad el escrito sin añadir sus propios prejuicios y que posteriormente cada cual tomara la posición que el texto le hubiera inspirado de acuerdo a su propia personalidad pero sin alterarlo.

En los inicios del cine, cuando se empezó a aplicar la técnica del montaje se pudo estudiar y analizar cómo el contexto puede modificar y añadir interpretaciones a imágenes que en sí mismas no las contenían. Así, en lo que se llamó el efecto Kuleshov se mostraba el rostro neutro de un hombre de quien, dependiendo de la imagen que se mostraba inmediatamente después, cada espectador lo juzgaba de diferente manera. Las tres imágenes que acompañaban a aquel rostro neutro e inexpresivo eran, una niña muerta, un plato de sopa y una mujer seductora. Para sorpresa de quienes estudiaron el fenómeno pudieron constatar cómo los espectadores asignaban elementos de tristeza, glotonería y lujuria al mismo personaje dependiendo de la imagen que veían a continuación.

Para nuestra buena salud mental es muy bueno aplicar unas ciertas "medidas higiénicas" a nuestro pensamiento y a nuestra actitud, y esto nos lleva a la importancia de enfocar bien nuestros intereses y hacerlo de la manera más adecuada y beneficiosa posible. Centrar el interés en lo que va a ayudarnos a ser mejores y más conscientes, en vez de centrarlo precisamente en lo contrario.

Y quizá algo más, además de focalizar de la manera más adecuada nuestros intereses lo más positivamente posible, no estaría del todo mal añadir algo más y es el decidirnos a ampliar el rango de nuestros intereses en lugar de estrecharlo para así contribuir con un excelente método para desarrollar la consciencia.

Focaliza tu interés de la mejor manera posible, porque, no lo olvides, aquello que piensas es lo que ves.


viernes, 15 de mayo de 2015

Profundizando en el Tarot

Vimos en el artículo anterior la importancia del Tarot, así como de otros múltiples oráculos, para hacernos conscientes de lo que sucede, tanto de nuestras actitudes como de situaciones e incluso actitudes del entorno que puedan ayudar a obtener una visión más certera de aquello que necesitamos realizar, no sólo para nuestro interés personal sino para el interés general. Y creo que es importante matizar esto, puesto que no se trata de hacer uso de información privilegiada para nuestro propio beneficio egoísta, sino que lo que intentamos es apoyar el interés general, incluidos cada uno de nosotros dentro del mismo, por supuesto.

Pero en el artículo anterior surgía una pregunta: ¿Quién habla a través de estos oráculos?

En primer lugar habría que destacar que tanto las cartas como otros sistemas oraculares son principalmente vías de comunicación que cuentan con un lenguaje simbólico determinado. Cuando hablamos de vías de comunicación, hablamos de elementos materiales que nos permiten emitir y recibir información. Así un teléfono, por ejemplo es una vía de comunicación; un instrumento que permite que alguien haga uso de él para comunicarse con otro y ofrecernos la posibilidad de compartir información.

Para que un teléfono haga su labor se necesitan varias cosas. Por supuesto que el canal que permite la comunicación esté en perfecto estado. Ademas, se requieren dos interlocutores, uno que llama y otro que recibe y decide contestar o no. La comunicación puede romperse en el momento en que uno de los dos interlocutores decida cortar la llamada.

Pero además de ese medio material, ese teléfono que hemos utilizado en nuestro ejemplo, se hace necesario el conocimiento de un idioma determinado. Si uno se dispone a descolgar el teléfono y quien llama es alguien que no habla nuestro idioma, la consecuencia será una imposibilidad material de entendimiento. Por tanto, conocer el lenguaje y determinar en cuál vamos a hablar es un paso muy importante. Y así enlazamos con lo que es el Tarot: una vía de comunicación material puesto que son unas cartas que podemos tocar, mover y mirar; y unos diseños dibujados en esas cartas que constituyen el lenguaje simbólico que a medida que se va aprendiendo dirá más y más cosas.

La persona que utiliza las cartas sería uno de los elementos de la comunicación, pero ¿y el otro, quién o qué es? Está claro que nadie puede dar una única y definitiva respuesta a  esta pregunta, pero yo me voy a inclinar por dos vías que pueden muy bien complementarse en vez de que una descarte a la otra.

Para mí hay dos entidades que nos hablan a través de las cartas. Una de ellas, la que suele ofrecer menos problemas a la razón de muchos, es nuestro propio ser interno, ese ser que sabe y conoce y al que tan poco escuchamos a veces; ese "yo mismo" más sabio, esa "propia conciencia" que nos dice en nuestro fuero interno tantas cosas que a veces no queremos escuchar y acallamos con multitud de tareas; ese subconsciente que nos conoce perfectamente porque somos nosotros mismos pero sin tantos límites como nos imponemos e incluso permitimos que nos impongan. Al hablar a través de las cartas nos permitimos ser nosotros mismos de verdad. Eso implica el trabajo de liberar nuestra mente y limpiarla de prejuicios e ideas fijas.


Obra de Fra Angélico
En cuanto a la otra entidad que nos habla a través del Tarot, obviamente me refiero a entidades de tipo esotérico, seres con más conocimiento que nosotros y que nos ayudan a través de diferentes medios, pudiendo ser uno de ellos el Tarot. Estoy convencida de que lo que vemos con nuestros ojos no es lo único que existe, y así considero que no tiene nada de extraño que existan esos seres con mayor sabiduría, los podamos ver o no. Para mí, los que hablan a través de las Cartas son los ángeles, así como  seres espirituales superiores que podrían ser denominados maestros.

En cualquiera de los casos, y como digo, sin que uno tenga que excluir necesariamente al otro sino complementarse, el Tarot es una excelente manera para profundizar en aquello que puede hacernos mucho mejores.

miércoles, 29 de abril de 2015

Oráculos y Tarot

Sibila Eritrea pintada por Miguel Ángel
Sé muy bien que para muchos la sola mención de la palabra oráculo o Tarot le supone una inmersión en supersticiones trasnochadas que no merecen ser tenidas en cuenta; sin embargo, desde hace años, para mí esas palabras han tenido gran importancia, y con su uso, y vistos sus resultados, no puedo más que mostrar mi admiración por una herrmanienta que sin duda alguna funciona, digan lo que digan quienes nunca se han atrevido a acercarse a ella. Otras cosa, por supuesto, es que el uso de estas herramientas se haga de manera equivocada o partiendo de muchos prejuicios y poca preparación, pero eso no quita el valor de la herramienta por sí misma, sino más bien nos habla de la ineptitud de quien se lanza a utilizarla de manera equivocada.

Aunque el Tarot es un diseño particular de cartas, digamos que hoy en día se llama Tarot a cualquier mazo de cartas empleado para la adivinación, sean éstas o no exactamente un Tarot. A modo de ejemplo, normalmente uno llama Coca-Cola a todas las colas que existen en el mercado puesto que es la que dio fama a este tipo de bebidas; así como rimmel a las mascarillas para las pestallas a pesar de responder al nombre de la marca más conocida en su momento de este tipo de mascarilla. En realidad, como digo, Tarot es un tipo determinado de cartas que siguen una estructura específica y que puede componerse de 22 o 78 cartas (según contenga sólo los Arcanos Mayores o que se incluyan también los Menores). Sin embargo, vemos que existen muchos mazos que se guían por estructuras diferentes, con números de cartas variables y diseños totalmente diversos; pero lo importante es de lo que tratan básicamente y de para qué se usan, y eso es lo que vamos a ir determinando.

Alguno se preguntará qué tiene todo esto que ver con un blog que trata de focalizarse en la toma de conciencia; y ahí radica el punto de interés de este artículo. Y es que tanto el Tarot, como otros cartas, así como el I Ching, un libro oracular de gran enseñanza filosófica y de conducta, nos ayudan fundamentalmente a esto precisamente: a tomar conciencia, a hacernos conscientes de lo que está pasando. 

Desgraciadamente, las consultas basadas en cartomancia o cualquiera de las mancias conocidas, buscan desvelar el futuro, en vez de profundizar en el presente para que el futuro se vaya forjando de manera consciente. Muchas veces no necesitamos saber lo que va a suceder, sino cómo debemos manejarnos, cómo desarrollarnos de la manera más correcta, cómo aprender de las circunstancias; y para todo esto el Tarot es muy sabio.

Toma de conciencia, aprendizaje, valoración, son palabras que suelen encontrarse muy poco en quienes consultan estos oráculos, y sin embargo considero que son las palabras de más valor, porque la idea es aprender y aplicar nuestra capacidad para ello, para discernir, para ver no sólo nuestro enfoque personal sino adentrarnos en otros enfoques más amplios; salir de nuestro pequeño esquema mental y buscar consejo en quien tiene una visión más amplia de las cosas y que está dispuesto a enseñarnos a ver una parte más amplia de las mismas. 

Pero ¿quién es este alguien que nos informa a través del Tarot? Como veréis en el próximo artículo hay multitud de teorías al respecto; teorías, hipótesis, más que certezas absolutas; pero como digo... eso lo veremos próximamente.

miércoles, 15 de abril de 2015

Actitud

Fue el psicólogo y filósofo William James quien transmitió una idea sumamente útil. Más o menos lo que él dijo fue: No se canta porque se esté alegre, se canta para estar alegre.

Por supuesto que existen momentos para todo. No soy tan necia como para negar el dolor, el derecho a la queja, el desgarro, ni muchísimo menos; pero sí creo que estos estados deben quedarse en los momentos puntuales de acontecimientos tristes e incluso demoledores, sin que por ello se conviertan en una pauta de conducta continuada. Es decir, no deben perpetuarse como una actitud negativa, sino que hay que saber trascender esos momentos y aplicarse hacia una actitud completamente diferente y mucho más constructiva: la actitud positiva.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, uno de los significados de la palabra actitud es el que la define como "disposición de ánimo manifestada de algún modo". Así que ya tenemos unida la manifestación de algo con el ánimo que la acompaña o crea. Para movernos por la vida, para realizar acciones, para obtener resultados es necesaria una actitud previa, una disposición anímica para lanzarnos a la realización de cualquier tarea por nímia que nos parezca, y así se hace preciso conocer cuáles son las actitudes que nos van acompañando y alentar aquellas que resultan beneficiosas así como descartar las que no lo son.

Como prueba de que nuestro cuerpo y nuestra mente (como parte que enlaza la materia con algo más abstracto que a mí me gusta denominar espíritu o alma) están unidos, no hay más que fijarse en determinadas posturas corporales para adivinar la actitud subyacente a las mismas. Ver a alguien esperando de pie y con los brazos cruzados ya nos suele advertir de la posible reprimenda que alguna otra persona está a punto de recibir a no ser que tenga una excelente excusa para hacer bajar aquellos brazos amenazadores; la vista fija en el suelo y la espalda encorvada a la búsqueda de un objeto invisible para la mirada, puede advertir de confusión, miedo, vergüenza, incapacidad para afrontar las tareas, exceso de presión, y otras diversas posibilidades pero todas coincidentes en un sentimiento de victimismo.

La actitud es algo que puede verse, aunque también puede aprenderse a ocultarla en cierta manera. Y el problema surge cuando uno mismo oculta para sí las propias actitudes, y se mueve en el autoengaño, con lo cual poco o nada puede hacer para salir de situaciones que le mantienen estancado.

A veces, incluso, para enmascarar nuestras actitudes podemos ampararnos en las aptitudes, y así decir que no valemos para esto o para la otro, que nuestra personalidad es así o asá, que no tenemos tal o cual capacidad; pero esto no es cierto, la aptitud sería la capacidad para desarrollar determinadas tareas; por ejemplo, una persona que ha estudiado japonés puede traducir un texto del japonés, mientras que quien no conozca este idioma no podrá hacerlo, porque no tiene aptitudes para ello; sin embargo, sí tiene la posibilidad de generar múltiples actitudes; puede tener la actitud derrotista de resignarse a no saber lo que dice ese texto, o puede tener la actitud positiva de buscar a alguien que se lo traduzca y así ampliar su conocimiento de lo que ha visto escrito pero no puede ni leerlo ni entenderlo. 

La actitud, por tanto, puede motivarnos en una dirección encaminada a la acción o bien hacia una cierta pasividad. Hacernos conscientes de nuestras verdaderas actitudes puede ayudarnos no sólo a mejorar nuestra vida sino nuestro entorno, pues ya se sabe que si uno colabora en su propia mejora está aportando un grado más de bienestar que los demás también podrán disfrutar... si su actitud es la adecuada.

jueves, 26 de marzo de 2015

El espejo: ese importante maestro

Obra de John William Waterhouse
Digamos que a partir del mito de Narciso y su enamoramiento de sí mismo al verse reflejado en el agua, el hecho de mirarse en un espejo está bastante mal visto, pero ¿resulta correcto entresacar una interpretación tan negativa de un mito que pretendía adentrarse más en otros aspectos que en el simple hecho de autoobservarse? No lo creo.

Es verdad que las constantes miradas lanzadas a diestro y siniestro hacia un espejo pueden revelar, además del físico de una persona, su enorme vanidad; pero el espejo, despojado de toda muestra de presunción, puede ser una excelente ayuda para el autoconocimiento, y por tanto, para desarrollar la conciencia de nosotros mismos en el mundo. Porque muchas veces creemos que nos comportamos y mostramos de  una manera, cuando en realidad esto no es así. En nuestra ayuda vinieron inventos tecnológicos tan grandes como los que permiten grabar y reproducir el sonido y la imagen. Todavía recuerdo mi primer encuentro con una grabadora, o como decíamos entonces (¡en pleno siglo pasado!) un magnetofón. Mi sorpresa fue enorme al apenas poder reconocer mi voz una vez reproducida. ¿Aquella era yo? ¿Así me oía la gente? ¡Pero si yo estaba convencida de tener una voz mucho más grave, y resulta que era total y absolutamente aniñada! Sí, era yo; todos me decían que así sonaba mi voz habitualmente.

Un espejo, o cualquier tecnología que nos permita autoobservarnos (sin caer en la obsesión, por supuesto) puede constituir un elemento de gran ayuda para nuestra mejora y nuestro conocimiento. Muchas veces realizamos gestos o emitimos sonidos que se han convertido en toda una costumbre y de los que no somos nada conscientes; por ejemplo, esas constantes "muletillas" de las que hacemos ya no sólo "uso" sino puro "abuso"; por ejemplo, esos gestos que nos llevan a tocarnos la barbilla de una manera pertinaz, o la ceja como si en ello nos fuera la vida.

A muchas personas no les gustan las fotos. Personas de culturas ancestrales tienen pánico a que se les pueda tomar una foto pues consideran que de esa manera se les está robando el alma. Y yo no digo que se robe, ni mucho menos, pero sí que de alguna manera se desvela. Miradas llenas de significado; manos colocadas de maneras singulares portadadoras de una comunicación subliminal casi; músculos tensos como si fueran a partirse de tan poco relajados que se encuentran; y así un largo etcétera.

Obra de Pablo Picasso
No deberíamos confundir la vanagloria, el orgullo y la petulancia, con algo mucho más profundo y de marcado interés como es el conocernos a nosotros mismos, el vernos como los demás nos pueden estar viendo y no como querríamos ser vistos. Hacernos conscientes de que aquellas palabras que emitimos con tan buenas intenciones según nuestra opinión, realmente reflejaban un grado de autoritarismo e imposición que sólo podían ser contestadas con la huida o con el enfrentamiento directo. Aquella mirada al vacío o a lo que sucedía en la calle en vez de ser dirigida con aprecio e interés al interlocutor ya le está avisando de lo poco dispuesto que está a interesarse por lo que éste le está diciendo. Son gestos, múltiples gestos que cuesta mucho educar, y que si además ni siquiera somos conscientes de tenerlos ¿cómo podremos subsanar los posibles defectos?

A veces es la vergüenza ante nosotros mismos lo que nos inhibe para contemplarnos, pero ¿no es más vergonzoso actuar de manera inapropiada por el propio desconocimiento? Además, ¿vergüenza de qué exactamente?, ¿de ideas que se nos han inculcado y que ya de entrada ni siquiera son nuestras?, ¿qué hay en ti que pueda causarte vergüenza? ¿No nos está indicando esto ya algo que debería ser subsanado? Pretendemos estudiar y entender el mundo olvidándonos de nuestro propio sujeto, ¿cómo puede ser esto?

Aprender a observarse sin premios ni castigos sino dispuestos  a entendernos y mejorarnos es, a mi juicio, una muy buena práctica.


martes, 17 de marzo de 2015

A favor y en contra - Consulta con el Tarot

Hoy me gustaría presentaros como ejemplo dos consultas para desentrañar la personalidad actual del consultante con aquellos aspectos de su carácter que obran a su favor, así como los que por el contrario pueden perjudicarle. No se trata, como podría pensarse, de virtudes y defectos, sino de características que en alguien determinado pueden resultar favorables (virtudes), pero que en otro podrían resultar negativas (defectos). ¿Qué es la generosidad, por ejemplo, una virtud o un defecto? En principio todos estarían de acuerdo en considerarla virtud; pero a lo mejor un exceso de generosidad puede resultar perjudial tanto para quien realiza el acto generoso como para quien lo recibe, pues puede fomentar el abuso, la dependencia, etc.

En el esquema que muestro señalo las posiciones de las cartas. La uno imforma sobre la característica principal del consultante; lo que lo define en el momento de la consulta. La 2, 4 y 6, señalan las cualidades que obran a su favor (la 2 en el plano mental, la 4 en el emocional, y la 6 en la acción o puesta en práctica). La 3, 5 y 7, advierten de aquellas características que podrían ser negativas para el consultante (igual en en el apartado anterior, aquí la 3 se refiere al nivel mental; la 5, al emocional; y la 7, al nivel práctico o de actuación).



Veamos el primer ejemplo, para el que he utilizado las cartas del Tarot Rider Waite:



La consulta hace referencia a un hombre que tiene dotes de mando, sabe poner límites y ordenar las situaciones; sabe sentar reglas claras para manejar no sólo su personalidad sino el entorno. La ventaja de una persona así es precisamente su capacidad para organizar y organizarse, así como mirar por aquello que debe de hacerse para obtener determinados logros. El problema es cuando esta capacidad se utiliza desde un punto de vista autoritario, porque entonces puede hacerse alguien demasiado rígido, incluso alguien que podría convertirse en tan autoritario que degenerara en una personalidad dictatorial. La organización y la claridad para establecer bases que conduzcan a logros sería por tanto una buena característica; la rigidez, autoritarismo y falta de flexibilidad devendría en un grave perjuicio.

A su favor obra su agudeza mental, su capacidad para ver más allá de las apariencias  y no fiarse necesariamente de todo lo que se le presente sin haberlo analizado profundamente. Además es alguien siempre preparado para rebatir con razones los posibles ataques que pudiera recibir, y por supuesto, estar siempre listo para recibirlos y actuar en consecuencia. Le gusta animar a los demás, y "animarse" con los demás.

Por otra parte, a nivel emocional, algo que le beneficia es la buena dosis de alegría que experimenta; una alegría que fundamentalmente le gusta compartir con los demás. Es una persona que valora las celebraciones que vienen de la emoción, y que incluso sabe entresacar victorias de aparentes derrotas.

A nivel de actuación, es alguien dispuesto a avanzar hacia nuevos terrenos y producir. Es una persona que pone en práctica su audacia y que, por lo tanto, puede actuar como un buen lider.

En el plano negativo, parece que a nivel mental podría actuar en su contra un excesivo interés en mandar sobre los demás sin su consentimiento; que sus buenas dotes de mando y honradez fueran cambiadas por autoritarismo y falta de ética.

En el terreno emocional, lo que podría afectar negativamente a esta persona es la capacidad de tomar decisiones tajantes y de forma fría y cortante.

Y por último, a nivel de actuación práctica, lo que quizá actuara negativamente en el caso particular de esta persona, sería conseguir la estabilidad que desea, pues de alguna manera consiguiéndola tendría cada vez más posibilidades de desarrollar esos aspectos negativos de su carácter que le llevan a ser demasiado autoritario con los demás.

Y ahora el segundo ejemplo, que en esta ocasión se refiere a una mujer:



Por la carta considerada como clave, podríamos decir que la consultante es una persona muy aplicada, para la que el trabajo metódico y concienzudo tiene mucha importancia; además siempre busca instruirse para hacer las tareas lo mejor posible.

Vayamos ahora a aquellos factores que obran en su favor. Se trata de alguien que cuida mucho el control de sus instintos, de sus emociones, de sus pasiones, y lo hace razonando éstas para no dejarse llevar por ellas; alguien que busca más consensuar que imponer por la fuerza; estudia lo que debe de decir e intenta contener a sus posibles contrincantes por la fuerza de la persuasión más que por la imposición.

A nivel emocional parece una persona bastante solitaria, que busca a aquellos que realmente puedan aportarle luz y sabiduría, y que no se deja embaucar por la frivolidad carente de profundidad.

Sin embargo, es curioso como puede sorprender ese dos de espadas como algo positivo a la hora de actuar, y eso lo entenderemos cuando veamos los peligros que tiene si usa las características que no parecen convenirle tanto. Con este dos de espadas, se nos viene a decir que a la consultante le beneficia el no tener poder de decisión, pues así lo que llegue a desentrañar será puesto en práctica a nivel interno como crecimiento personal, y a nivel externo sirviendo de ejemplo a quienes sí pueden poner en práctica lo conseguido por sus valores.

En cuanto a los factores negativos, uno de ellos podría ser una cierta tendencia a abandonar los terrenos conocidos cuando cree que podrían causarle problemas y adentrarse en situaciones más alejadas de aquellas que haría bien en profundizar y resolver. La búsqueda constante de nuevos espacios mentales, podría llevarla a la huida de aquello que debería asumir con responsabilidad. Incluso un posible gusto excesivo por los viajes podría obrar en su contra por desarrollar una exagerada movilidad y una ausencia de raíces profundas.

En lo que se refiere al terreno emocional en su caso el ser una persona acostumbrada a ser bien acogida y agasajada también podría actuar en su contra por fomentar en ella una cierta vanidad, y en los demás una complacencia en busca de favores para ellos. La constante muestra de aparentes buenos recibimientos y agasajos podría llevarla a un alejamiento de la realidad creyendo que su vida y la de los demás se reduce a esos buenos momentos y no profundizar en las verdaderas causas que subyacen tras estos recibimientos.

A la hora de actuar, lo que más podría ser nocivo para ella es el conseguir el poder asignado a la Emperatriz, pues ese encegamiento de la realidad que hemos visto en las dos cartas anteriores podría conducirla a ejercer un abuso de autoridad y desarrollar una prodigalidad mal enfocada.

Espero que estos ejemplos os muevan a considerar el Tarot como una ayuda más profunda que aquella ofrecida por únicamente la adivinación sin contar con la comprensión para avanzar de la mejor manera y de forma más consciente en el propio crecimiento.

lunes, 9 de marzo de 2015

Meditación: El mundo roto



La niña no podía parar de llorar. Aquel mundo que tanto había querido, se había hecho pedazos. Veía los acontecimientos de su vida contenidos en una hermosa esfera de cristal, pero de repente, la esfera estallaba y no quedaba nada del mundo que tanto había acariciado.





En su desesperación, la niña elevó los ojos al cielo y clamó ante Dios:

- ¡Mi mundo se ha roto!

No sabía muy bien qué deseaba. ¿Tenía esperanzas de que el Hacedor lo reconstruyera o quería simplemente lanzar su queja en un ¡ay! cargado de dolor?




Y entonces sucedió. A lo lejos vio aparecer a su Maestro. La miraba con sonrisa benévola, y sin esperar la reacción de ella, se agachó en el suelo y comenzó a recoger cada uno de los pedazos rotos. La niña lo contemplaba sin decir nada; esperando a que él hablara primero. Y así lo hizo; la miró y le habló:

- "Yo recompondré tu mundo". Y mirando con una mayor fijeza a la pequeña, añadió: - "Pero necesito que tú me ayudes".

Entonces la niña lanzó una nueva queja de desesperación formulada en una pregunta:

- "¿Ayudarte? ¿Y qué puedo hacer yo?

La niña se sentía tan impotente que no podía comprender cómo su Maestro le pedía a ella que colaborara ayudándolo a él. Pero él sabía muy bien lo que deseaba de su pequeña alumna; y así, volvió a dirigirle aquella mirada tan dulce y a la vez tan sumamente penetrante, mientras susuró unas suaves pero firmes palabras.

- ¿Que cómo puedes ayudarme? Así: ¡Amando cada uno de esos pedazos! Recuérdalo; sé que es difícil amarlos todos; tanto los buenos como los malos; porque todos, recuérdalo, pequeña, todos son dignos de valor y de tu amor. Sólo así tu mundo podrá ser recompuesto. Amando cada uno de estos pedazos.